Por Úrsula Mix, Seremi de Gobierno de Aysén
Coyhaique, 03-11-2025.- En tiempos electorales, cuando las miradas ciudadanas se vuelven más exigentes hacia las instituciones, la comunicación pública adquiere un rol decisivo. No se trata solo de difundir mensajes o dar a conocer gestiones, sino de construir confianza a través de la información. En una democracia, cada palabra emitida desde el Estado tiene peso político y ético, porque no representa a un partido, sino a la ciudadanía en su conjunto.
Cada vez que informamos con claridad, fortalecemos la confianza ciudadana en las instituciones. Esa frase debería guiar toda estrategia comunicacional de un gobierno que entiende su papel no como el de un emisor de propaganda, sino como un garante del derecho a la información y la transparencia.
La comunicación pública —la que nace desde las instituciones del Estado— tiene una responsabilidad que la distingue de la comunicación política o electoral: su propósito no es convencer, sino servir. Informar con datos verificables, explicar decisiones de política pública, rendir cuentas y, sobre todo, escuchar, son gestos de respeto hacia una ciudadanía que demanda participación y claridad.
En este sentido, el rol del Gobierno no puede reducirse a la gestión de crisis o al manejo de imagen. Su tarea es generar un espacio comunicativo donde la información circule libremente, donde las políticas se expliquen con lenguaje accesible y donde los canales de diálogo estén abiertos. Cuando la comunicación pública se concibe como un bien común, se transforma en un puente entre el Estado y la sociedad, capaz de disminuir la desconfianza y prevenir la desinformación.
A pocos días de las elecciones de 2025, este principio se vuelve más relevante que nunca. La frontera entre comunicación gubernamental y comunicación electoral suele difuminarse, y es precisamente ahí donde la ética institucional debe imponerse. La transparencia no es solo una obligación legal, sino una condición indispensable para que la ciudadanía pueda decidir informadamente y creer en la legitimidad del proceso democrático.
Informar no es un acto neutro: es un acto de construcción democrática. Comunicar con sentido público significa reconocer que detrás de cada mensaje hay un ciudadano que merece comprender, evaluar y participar. Y significa también asumir que la confianza no se decreta; se construye día a día, con cada boletín claro, cada dato abierto y cada respuesta oportuna.
Porque en democracia, comunicar bien es gobernar mejor.
Fuente: Segegob Aysén


