Por Bárbara Ortúzar Candia, Seremi de Gobierno de Aysén.
La inseguridad no comienza solamente cuando una persona es víctima de un delito. También se hace presente cuando alguien decide no caminar por determinado lugar, cuando una familia cambia sus horarios por temor, cuando dejamos de ocupar una plaza o cuando sentimos que debemos modificar nuestra vida cotidiana para evitar exponernos a una situación de riesgo.
En ese sentido, la delincuencia no solo amenaza nuestros bienes o nuestra integridad. También restringe nuestra libertad: la libertad de desplazarnos, de encontrarnos, de ocupar los espacios públicos y de vivir tranquilos en nuestros barrios y localidades.
Esa dimensión cotidiana de la seguridad estuvo precisamente en el centro del primer Diálogo Ciudadano de Seguridad que realizamos este sábado en Coyhaique. Un espacio que forma parte del despliegue que estamos desarrollando para acercar a las comunidades la Agenda contra el Crimen Organizado y el Terrorismo (ACOT), pero que tiene un propósito igualmente importante: escuchar.
Porque los vecinos y dirigentes conocen sus barrios. Saben qué ocurre en sus calles, cuáles son los lugares o situaciones que generan preocupación y de qué manera la inseguridad comienza a alterar las rutinas de una comunidad. Esa experiencia es valiosa y necesaria para que la acción del Estado pueda dialogar con la realidad de cada lugar.
En Aysén esto adquiere una importancia especial. Nuestra extensión territorial, las distancias y las características de nuestras comunas y localidades hacen imposible pensar la seguridad desde una única realidad. Las preocupaciones de un barrio de Coyhaique no necesariamente son las mismas de Puerto Aysén, Chile Chico, Cochrane o de las numerosas localidades más pequeñas de nuestra región.
Por eso estos diálogos tienen un doble propósito. Queremos que las personas conozcan directamente las herramientas que el Gobierno del presidente José Antonio kast está impulsando para enfrentar con mayor decisión la delincuencia, el crimen organizado y otras amenazas a la seguridad. Pero queremos también escuchar, recoger experiencias y conocer de primera fuente aquello que preocupa a nuestros ciudadanos.
La seguridad pública requiere policías, instituciones coordinadas, mejores herramientas y un Estado capaz de actuar con firmeza frente a quienes delinquen. Pero también necesita presencia en terreno. Necesita instituciones que salgan al encuentro de las personas y comunidades que puedan participar activamente en la construcción de barrios y localidades más seguros.
El encuentro de Coyhaique fue el primero, pero no será el último. Seguiremos desarrollando estos espacios de conversación en la Región de Aysén, acercando la información a las personas y recogiendo aquello que vecinos, dirigentes y organizaciones tienen que decir. Es también parte del mandato que nos ha planteado el Presidente José Antonio Kast: recorrer Chile, escuchar a las personas y estar en terreno, porque para responder a las necesidades de la ciudadanía primero debemos conocerlas allí donde ocurren.
Como Gobierno tenemos la responsabilidad de enfrentar con decisión la delincuencia y el crimen organizado. Y tenemos también la responsabilidad de escuchar y comprender cómo la inseguridad impacta la vida diaria de las personas.
Porque recuperar la seguridad significa también recuperar libertades que pueden parecer sencillas, pero que son fundamentales: caminar tranquilos, encontrarnos con otros, ocupar nuestros espacios públicos y sentir que nuestros barrios y localidades son lugares donde podemos desarrollar nuestra vida sin miedo.
En definitiva, cuando trabajamos por más seguridad, trabajamos también por algo esencial: que las personas puedan vivir con mayor libertad.


