Por Felipe Henriquez Raglianti, candidato a senador por la Región de Aysén
El reciente anuncio del Gobierno de recortar en 1,9% el presupuesto de los Gobiernos Regionales para 2026 golpea con especial dureza a Aysén. Nuestra región será la que recibirá la mayor disminución presupuestaria, con un ajuste del –6,9%, lo que significa aproximadamente unos $5.650 millones menos en solo un año.
Por otro lado, Aysén presentó un crecimiento de 8,9% del PIB en el segundo trimestre de 2025, consolidándose como la segunda región con la mayor subida nacional. Este resultado refleja el compromiso y empuje de sus habitantes, y nos recuerda la importancia de gestionar cada peso público con responsabilidad, orden y eficiencia.
Frente a este escenario, la Gobernación Regional, encabezada por Marcelo Santana, resolvió suspender 12 programas del GORE mal evaluados, lo que permitirá redestinar $1.900 millones. Se trata principalmente de iniciativas con bajo nivel de ejecución, escaso avance o que no han cumplido los objetivos esperados. Es, sin duda, una medida compleja, pero también una oportunidad: esos recursos podrán enfocarse en proyectos que la ciudadanía necesita y desea, como avances en salud y educación, además de mejoras en conectividad, vivienda, empleo y apoyo a emprendedores.
Es evidente que la reducción de iniciativas, muchas de ellas sociales o de apoyo productivo, tiene un impacto directo en el territorio y en las comunidades que dependen de esos programas. Sin embargo, no podemos obviar que cada vez que los recursos se estancan en trámites, diagnósticos interminables o en exceso de burocracia, se pierde tiempo valioso para resolver problemas urgentes de la gente. ¿Alguien puede justificar que recursos públicos sigan financiando programas que no avanzan, no rinden cuentas o simplemente no cumplen su propósito? ¿Más aún en un periodo de fuerte reducción del presupuesto del Gobierno Regional de Aysén?
En un panorama de financiamiento cada vez más restringido, la evaluación y la priorización dejan de ser una opción para convertirse en una necesidad. Solo con más orden y eficiencia en el uso de los recursos públicos podremos impulsar políticas, programas y proyectos que respondan a las verdaderas urgencias de Aysén. Una región extrema que muchas veces ha sido olvidada, pero que necesita ser escuchada y considerada, si realmente queremos mejorar la calidad de vida de los ciudadanos de esta zona del extremo sur.
Fuente: Henríquez Aysén


